Revista Internacional de Poesía "Poesía de Rosario" Nº 19
Revista Internacional de Poesía : "Poesía de Rosario" Nº 19  
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OFRENDA A AFRODITA. Mario Jofré.



OFRENDA A AFRODITA. Mario Jofré. Editorial Diógenes, Mendoza, Argentina, Año 2000.
 
La obra pictórica “Venus y Adonis”, de Tiziano, pintor veneciano renacentista, impacta la tapa de este libro que al pie de ésta incluye el siguiente texto: “Trayectoria del mito poético y el poema de William Shakespeare VENUS Y ADONIS Vertido al castellano y en original – Los 4.000 años de poesía de la Musa. 
 
A partir de esta demarcación se suceden dieciocho poemas relacionados con este tema que es el eje de esta obra de recopilación y traducción. Los invitados al convite de Afrodita, y a esta suerte de revalorización del mito desde diferentes voces, son: Safo, Hesíodo, Homero (himno 5), Bion, Lucrecio, Ovidio, Ovidio, Rey Alfonso X el Sabio, Dante, William Shakespeare, John Keats, Arthur Rimbaud, Rubén Darío, Robert Graves, W. H. Auden, incluyendo un poema anónimo al comienzo y como cierre “Ofrenda a Afrodita” del autor de la obra. Luego de esta introducción en la que la diversidad de sentires y de visitaciones de la Musa, nombrada, amada, esquivada, es una variedad interesante que conforma una antelación al poema de William Sakeaspeare, traducido al castellano por el propio poeta, compilador y traductor Mario Jofré Gutiérrez.
 
Al inicio un epígrafe de William Blake va indicando el camino y la intención de este libro: “La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo”. Al decir del poeta el mito mismo es la Eternidad a la que se refiere y es el mito el que congrega tiempos, hombres, sucesos, historia, siendo la fuente donde abreva permanentemente la creación. En su decir cito: “Mi finalidad es ilustrar en forma sumarísima, la persistencia de un tema en la poesía de todos los tiempos: el antiquísimo mito de Venus y Adonis, concerniente a los ritos de fertilidad y al sacrificio del dios del año que remontan a épocas muy anteriores a la invención de la escritura…” Por tanto es en ese núcleo deliberadamente optado donde nace la mirada que hace sobre los poetas que han abordado el tema. Pero no se detiene en la mera cuestión de cómo ellos la han plasmado permanentemente al paso de los siglos, sino que asegura que aquellos han ido al área de la inconsistencia de las palabras las que -fuera del destino utilitario que el hombre les ha asignado- son organismos vivos que logran escapar a la fría red del lenguaje por medio de lo poético y de ese modo Venus da mágicamente esos “frutos incandescentes” que son los poemas pero, y aquí el ida y vuelta del juego amoroso, el hombre también es invitado a convertirse en un fruto incandescente de la mano de Venus que es la eterna elegida y la que elige, la que busca al poeta pero primero al hombre, movilizando su pasión y su música, alimentándolo y alimentándose que es el modo perfecto de su subsistencia, el mito resuelve así el problema de la aniquilación. Venus vive en la imaginación eterna e inmemorial, en lo creativo fascinante, en la subsistencia de las trasmisiones, en la reserva misma de lo humano, y desde allí, sigue mostrando al poeta su amoroso afán, que la vida siga siendo “ese potro piafante (…) el movimiento genésico de la naturaleza captado por un gran organizador de sueños”. Cito a Homero por boca del aeda Demódoco en el canto octavo de la Odisea, cuandoacontece el encuentro entre Ares y Afrodita en el lecho de Hefesto;   E.E,.Cumings en su versión del encuentro termina con una estrofa que dice “mi trágica fábula concluye aquí:/ soldier, beware of mrs. smith/ (o sea guárdate con esmero/de la esposa del herrero) es decir que luego de esos fervorosos amores Hermosa y Temerario, nombres que representan a Afrodita y a Ares, quedan expuestos, Hefesto logra con su sabiduría de artesano envolverlos sobre su propio lecho en una red o malla diestramente labrada, que por fina no indestructible, logrando así estigmatizar el engaño y finalmente haciendo que todo el Olimpo ría de Ares atado a su amada; al soltar la red Hefesto, ambos amantes descubiertos huyen separadamente,   por lo que Cummings dice: “ la virtud triunfó por fin del vicio/y la belleza a la fealdad fue sometida/y la lógica suprimió la vida…” rematando con la estrofa que se ha citado antes y en la que subyace un mordaz y temible consejo, esa advertencia de su fábula final, recaudo de difícil cumplimiento. Lucrecio la invoca desde “De Rerum Natura” y en este caso atendiendo al rito de la fertilidad la llama “Pródiga derrochona de tus dones/Deleite de los hombres y los dioses…” o “Son tantos tus prodigios y portentos/ Que a tu paso la tierra esparce flores…Y cuando se inauguran los primores/primaverales tu eres la primera/en acusar y ahondar en sus fervores./Es la luz que desciende de tu esfera/ la que da la señal para que el brote/Cubra de un verde manto las praderas,/Y un alboroto musical explote (…) Renuévese el Amor, triunfe la Vida(…)”   Esta es la resurrección anual de la vida y de la naturaleza a lo que todas las culturas rinden honras, ya sean orientales o amerindias, paganas o no.
 
En la cosmovisión entre cielo, tierra, mar e infierno,   en unión al decurso de las estaciones, interviene como divinidad femenina en sus tres apariciones: Selene (diosa de los ciclos lunares que entre megua y crecimiento marca los inevitables sucesos cíclicos que influyen al hombre y a la naturaleza), Afrodita, la Ninfa (la que derrama su sangre propiciatoria y fértil para el renuevo del amor y de la vida de que habla Lucrecio) y Hécate la anciana de las declinaciones y la muerte del año hasta el siguiente solsticio. De las “Metamorfosis” de Ovidio, Libro X, se puede mirar a la diosa aleccionando a Adonis para que no arriesgue su vida en la caza del jabalí, consejo desechado por el joven quien es atacado por el salvaje animal y muere al fin. Tal vez el amor de la diosa esté siempre vigilando sus amados, aunque pueda significar egoísmo o atadura, diciéndole: “Apiádate de mi/sé comedido (…)” poniéndose por delante de cualquier otro interés, busca la salvación en su preeminencia. Ovidio remata su poema aludiendo a que Afrodita desconsolada sin poder sujetar al amado, atrapa en su corazón su aliento y lo define como “Hálito fértil, con el que sembró/De efímeras anémonas los suelos;/Renuevan ellas año a año el duelo” . Keats por su parte alude a Venus como “La Belle Dame sans Merci”, bella e impiadosa que toma en sus arrestos amorosos a hombres que luego de su encuentro conocen el infortunio, el insomnio y la muerte. Ceder a su cita es recrear el mito por el cual amor y muerte son irrevocablemente intrínsecos. Dante nos da una visión virginal en “Paradiso”, XXXIII: “Oh, virgen madre (…) Señora, eras tan grande y tanto vales/Que aquél que busque gracia y que se ahorre/De a ti acudir no se halla en sus cabales (…)”   Lo esencial en la visión del Amor en Dante es hallar la unión con el Amor Divino y por ende, llegar a la iluminación en la mansión espiritual del Paraíso, es allí donde ubica la figura femenina dueña de todo Amor y de gran piedad. En el último poema que pertenece a Mario Jofré y con el cual cierra la primera parte, en su “Ofrenda a Afrodita” entre la ponderaciones que brinda a la diosa, encomios propios de quien le solicita sus florecimientos, es también un ruego para que los impulsos y placeres que ella prodiga no queden en suspenso y puedan seguir auxiliando al ser humano por imperio de su presencia, por lo que implora “Muéstranos cómo alientas y caminas(…) Entra por nuestra sangre, deserrumbra al corazón, su sórdida costumbre de egoísmos derroca y desencumbra/Libera al alma de sus servidumbres (…) Y haz que tu lumbre siempre nos alumbre, (…)”  Imperativos que más que ordenados son rogados, una demanda humana imprescindible para la preservación y continua sustanciación de la naturaleza y de la belleza implicada y necesaria. 
 
En el segundo tramo de este libro, el autor muestra su pericia como traductor y nos ofrece –al par que el poema de Shakespeare “Venus y Adonis” en inglés, en la página opuesta su afinada traducción de los endecasílabos sakespeareanos precedidos por una carta dirigida al Muy Honorable Henrie Wriothesley, Conde de Southampton y Barón de Titchfield, que abre al comienzo con un cita de Ovidio: de Amores “Vilia miretur vulgus; mihi falvus Apollo/ Pocula Castalia plena ministret aqua” que significa  “Al vulgo admiren cosas viles; y el rubicundo Apolo me provea a mi de copas rebosantes del agua de la fuente Castalia”. Esta fuente situada en Delfos, fue abrevadero de viajeros que arribaban allí pero también La fuente de Castalia es anterior a todos los mitos délficos, sus aguas sagradas se decía eran alucinógenas pero lejos de esa creencia, se convirtió en realidad en un pozo de inspiración aludida por Shakespeare e invocada para el seguimiento del acto de creación literaria, de inspiración para su don de la escritura, de abrevadero de su alma. Para el vulgo dejaba las cosas viles y entre esas cosas viles está la banalización de Venus, su caída en los burlados y cáusticos laberintos de las manipulaciones groseras de las gentes que ignoran el alto grado de su divinización y su fervorosa fertilidad.
·        “Venus y Adonis” conocido poema de un amor que solícito por parte de la dama y esquivo por su compañero, va desgajando las artes amatorias y de atracción de Afrodita, su insinuación y luego su insistencia en tomar lo bello que sabe es para si porque los dioses lo han puesto en su camino -Adonis- tan hermoso como ella pero mucho más agraciado desde los ojos conque la diosa lo ve, un amante digno de todas sus luchas, cuidados y recompensas. Ella lo corteja porque siente que es el merecedor de sus besos, y no ceja en su ardua seducción. La trama va desatando la tragedia ya que Adonis ama la caza y escapando de los brazos de Venus va al encuentro de la muerte provocada por un jabalí al que ella -en su delirio amatorio- piensa que también quiso acercarse al hombre para tocarlo con salvajismo y así hacerse digno de su sangre como objeto de amor. El remate es un destino de sacrificio de clausura y de adoración hasta el fin del fin.   Es de apreciar el tramo en el que Shakespeare incluye una comparación entre el instinto animal y la indiferencia humana, es aquél en que promediando la obra, Adonis desecha la propuesta encendida de Venus a amarse. Paralelamente, como una cuña metafórica su corcel trata de escapar a toda cárcel de domesticación y avanzar hacia el centro de su instinto indomeñable, y es entonces “el potro piafante” que muerde y golpea reclamando su libertad. “Tu potro, cual debieras,/dio al cálido deseo bienvenida/puesto que el corazón se torna hoguera/ si en vez de usada es la pasión sufrida(…)”  y aconseja “Ama amando, otro método no se usa(…) confiesa Venus “Ciega, de oírte fuera fascinada/ de esa beldad sonora e invisible/Y aún sorda me sintiera enamorada/Ya que por ti soy toda piel sensible,/Sin ojos aún te amara y sin oídos,/Supliendo el tacto a todos mis sentidos”(…).  Este libro ayuda a la subsistencia del mito porque asiste al hombre en su universal y esencial necesidad de amar, sostiene la práctica mágica de la poesía y defiende con insistencia la trágica pasión que hace su completud entre las delicias y las agonías. ANA RUSSO
                                                                                                           
 
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