Revista Internacional de Poesía "Poesía de Rosario" Nº 19
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LA POESIA Y EL HOMBRE, UN ENSAYO ETERNO Por Héctor Berenguer


LA POESIA Y EL HOMBRE, UN ENSAYO ETERNO

Por Héctor Berenguer


El destino de los pueblos está regido por las formas de sus pensamientos y sentimientos, ellos interactúan modelando su imaginario colectivo. Esa fuerza genera formas nuevas y con ellas produce sus propias circunstancias de organización social. Los pueblos, no son entes abstractos, son seres humanos que en una constante interacción con su medio ambiente deciden su avance o retroceso. Solo lo humano es histórico. Sabiamente describe el Mahabharatta: “el hombre se convierte en lo que piensa”. ¿Y que piensa el hombre, cuando piensa lo que piensa y lo lleva a ser lo que es? ¿Sabe quién es? ¿O en su errancia camina sin darse cuenta de su entorno vital, diseña su propio futuro, qué bien puede ser alguna de las formas de autoextinción ya conocidas en el pasado o otras acorde a nuevas circunstancias que puedan producirse?
He aquí unas preguntas abiertas por nuestros antecesores ancestrales, que auque no puedan aclarar los misterios del presente, pueden dar alguna perspectiva para aquéllos que no hayan perdido el interés en el fenómeno humano y sus complejidades. Los homínidos, nuestros antepasados remotos, pero no tanto, provocaron en los sabios más de un malentendido. La aparición del australopitecus fue todo un desafío a la imaginación. Parece que estos antecesores del “homo erectus”, como grupo zoológico, intentaron muchas veces, en extraña geometría disímil cruzar la “delgada línea de la hominización” y que algunos, lograron esa extrema metamorfosis entre lo indefinible y el actual grupo zoológico humano. Es decir, un animal capaz de pensar y transformarse autodiseñándose en lenta y plástica transformación, producto la más de las veces de la emergencia de las circunstancias que lo rodearon y que lo empujaron a ser lo que es, una parcela de infinito, tan cercana y lejana como una galaxia, encantado en el misterio de los lenguajes, que construyeron el habla. Parece sin embargo, que se han encontrado entre las muchas tendencias, diseños de homínidos y su lento devenir en los tiempos sin historia, más fracasos que éxitos. ¿Pero que sucedió? Es evidente que el: “alzamiento de la conciencia” fue una celebración, un triunfo, pero también hubo regresiones comprobables. Como si “sin la certeza animal” a unos que se les daba por homínidos o homo erectus fueron en realidad “regresiones muy próximas”. ¿Fue entonces posible una regresión tan cercana? ¿Tan capaz de confundirse con la geometría corporal humana? ¿Qué los diferenciaría? ¿Dejaron de pensar los unos y perdieron su atributo humano? ¿Y los otros siguieron afrontando el riesgo de la azarosa existencia pensante? Tal vez el “HAZ DEL PSIQUISMO HUMANO”, no fue ni será homogéneo, ni hegemónico, sino heterogéneo. No se despliega siguiendo un mismo patrón rítmico, sino un inmenso abanico de linajes. ¿Será siempre el hombre un paso hacia el hombre? ¿Por qué se supone que es uno solo de entre todos los linajes, el que participó del gran impulso, hacia donde la conciencia rompe sus cadenas, introduciendo la reflexión en los dominios de la vida, imprimiendo a la evolución un nuevo curso?
De la era de las evoluciones que se desenvuelven en cierto modo por inercia, característica inevitable del mundo infrahumano, entramos sin saber, con el hombre en la evolución conciente de sí misma. Ella introduce el factor más original y sin precedentes…“la inteligencia en expansión”. Esa inteligencia fue posible por la aportación inestimable del lenguaje. No es tan importante el hombre que nos precedió sino la lección que nos deja. Su largo aprendizaje camino hacia el habla, es decir, camino a su asilo, a su morada. “Reflexionar sobre el habla de un modo tal que el hablar advenga como aquello que otorga morada a la esencia de los mortales”. (M.Heidegger “De camino al habla”)



“El hombre debe terminar lo que la naturaleza a dejado inconcluso” (Proverbio alquímico)
Según R. M. Rilke, nos llevaremos algunas palabras primordiales, quizás la palabra puente, casa, fuente, ánfora o árbol de las frutas, ventana o más, columna, torre? Cada uno se llevará las palabras que más haya amado. Como un mandala sagrado, una palabra penetra la creación hasta sus raíces profundas. En la materia parece existir un dios dolido que nos llama en espera que le revelemos los abismos de sus goces y sus penurias. Este acto de la creación es casi imperceptible, pero “modifica” la sustancia de la vida misma. El mismo Rilke decía en una de sus “ELEGIAS DE DUINO”: “Porque el estar aquí es mucho/ y porque todo lo de aquí nos necesita en apariencia, lo evanescente/ lo que de una rara manera nos toca. / A nosotros los más evanescentes. Una vez cada cosa. / Solo una vez y no más. / Y nosotros también una vez. Nunca jamás. / Pero este haber sido una vez, aunque solamente una vez; / haber sido terrestre, parece irrevocable… Y estas cosas cuyo vivir es desfallecimiento / comprenden que tú las alabas; perecederas, confían en nosotros, los más efímeros, como capaces de salvar. / Quieren que nos obliguemos a trasmutarlas del todo, / en nuestro corazón invisible/ ¡Oh infinitamente! En nosotros, / quienesquiera que seamos al final. Tierra, ¿No es esto lo que tu quieres, rebrotar en nosotros invisible? ¿No es tu sueño ser invisible? ¡Tierra! ¡invisible! / Pues ¿Qué otra cosa sino trasformación es tu apremiante mandato?
El hombre es producto de la naturaleza y sin embargo se rebela contra ella. Esto se debe a que en la naturaleza existiría también desde siempre, y esta noción atraviesa todas las antiguas culturas, a través de sus cultos y sistema de creencias, algo más que un ser ciego y sufriente, otra fuerza que la cruza de parte a parte y que nos empuja al sacrificio, y a la rebelión, esa OTRA FUERZA que posiblemente también forme parte de la misma naturaleza. Es decir, que aquello que nos empuja a la rebelión quizás sea lo mismo que nos induce a amarla. Los pueblos llamados “primitivos” conocen desde sus orígenes esta circularidad de la materia como paradigma de “Creación y destrucción”. Fundidos en esta contemplación del mundo como mito, el chamán se unge de palabras maravillosas y enigmáticas en la representación ritual del drama del universo. Es que también allí un dios dolido y gozoso al mismo tiempo, nos llama en la espera de que le revelemos los abismos de sus goces y penurias. El poeta auténtico “conoce” y es parte activa de esa contemplación, sabe la proporción entre la palabra y la “cosa” que actúa como causa engendradora y que constituye el fundamento de la palabra que se hace poética. No por lo que ella dice en sí misma, sino por estar en el límite de lo decible, produciendo así su propio acontecimiento cuya manera de acaecer se superpone tanto al mundo de lo fenoménico como a los criterios de “verdad y “validez”. La palabra poética cuestiona a la lógica del sentido y a toda teoría del lenguaje. En el decir poético, la materialidad de las palabras se hace palpable por medio del sonido y de la letra, colisiona a su vez con lo impalpable de su referente produciéndose con ello un acontecimiento singular según la articulación de dos momentos simultáneos. En el primer momento, lo palpable (sonido, oralidad, discurso, letra, escritura) se pliega sobre lo intangible (ausencia de referente, significado, desproporción palabra /cosa). En el segundo momento, lo intangible regresa sobre lo palpable mostrando la desproporción y lo indecible. En lo cual se funda el hecho poético.¬
El efecto de la palabra se demora, por así decirlo, en el intervalo imperceptible que se sitúa entre dos momentos produciéndose el “milagro del acontecer poético”, que no es otro que el transformar en “tesoro” la indigencia del lenguaje y en otorgar existencia a lo que carece de ella. De este modo, los objetos bajo relaciones inusitadas emergen de los umbrales del lenguaje común y muestran por sí mismos la sutil existencia que les ha sido conferida por la obra del acto poético. El decir poético es una alquimia sutil obtenida en los márgenes, en los bordes, en las fronteras, en el más allá de las convenciones lingüísticas.
El modo de habitar lo poético es aquel que responde, como señala Heidegger, a la exhortación del lenguaje que nos atraviesa. El hombre vulgar no puede percibir lo poético, ya que es ciego con respecto a lo que allí se muestra y sordo con respecto a lo que allí se hace oír. No puede aprehender lo poético, se requiere una red sutil de fina malla. La opinión cosificante es creer que el poeta es el “señor del lenguaje y no su devoto sirviente esperanzado” y no es mero azar que se lo presente como alguien divorciado de la realidad y que vive, según el triste adagio popular “en las nubes”, mientras que el hombre atareado, es quien afirma tener sus pies en la tierra. Sin embargo el poetizar, no aleja al hombre de la tierra. Por el contrario, el poetizar consagra al hombre a su esencia terrenal, lo entrega a la tierra, pues es la tierra donde reside, aún cuando muere.

El hombre atareado y enajenado en la maquina civilizadora pierde sus vínculos con la tierra para recuperarlos en la forma del dominio y la manipulación ejercida sobre ella. Un río por ejemplo, no es un don sagrado sino la materia prima para extraer de ella la energía hidráulica. Cuando el hombre habita poéticamente la tierra participa de sus milagros, de su cotidiana donación; mientras que el llamado hombre pragmático, es quien se ha sustraído y separado de ella, para habitar en una realidad cada vez mas abstracta engendrada por la máquina civilizadora. Ese hombre pragmático que se atribuye la condición de realista, ha perdido ya hace tiempo “la noción de lo sagrado”. Ejerce su señorío creyendo que es el quien lo gobierna. En su lugar instaura un YO SOY y un YO CONTROLO, vacío e insustancial, testimonio del poder bajo el cual ha caído y que gracias a la ignorancia que lo preserva se hace en él su incondicional súbdito.
Es hora de arrancar a la vida de la camisa de fuerza del determinismo social imperante, de activar en el artista otra mirada más cercana a las fuentes de la vida y no sus incontables fragmentaciones, esa libertad del artista ente su obra debería vincularlo con la noción nietzscheana hoy olvidada de: “Quiero ser el poeta de mi propia vida”. Para Nietzsche la “naturaleza” está vinculada estrechamente al hombre y juega el juego del mundo al estilo heraclitiano, la naturaleza forma figuras y las rompe, es un incesante proceso creador en el que triunfa lo vital, pleno de su intrínseco poderío y no lo adaptado. Sobrevivir no significa ningún triunfo que no sea la duración sin riesgo al estilo de los perdurables ostracodermas refugiados perpetuamente en sus caparazones. Vivir es “otra cosa”, es generosidad, es derroche en expansión y esta visión es también una estética de lo político, que le proporciona al arte y al artista un proceso curativo y regenerador. Si el arte y la naturaleza no concuerdan entre sí “tanto peor para la naturaleza y para el hombre que también es naturaleza” Y se nutren mutuamente. El arte es jubileo y esta muy claro que la vida engendra diversidad de formas y múltiples constantes. Esta riqueza exime de mayores consideraciones. Los términos a los que deseo llegar son compatibles con incorporar las imágenes poéticas como “material numinoso” para una visión de la vida mas amplia, mas afín al sentido del hombre. Este acontecimiento al que se lo define, como cambio de perspectiva de las cosas, es una “cuestión de ascenso vital”. Comprender en poesía, es “fluidificar el ámbito del entendimiento y la imaginación”. Esto es fundamental, y es la única posibilidad de reiterar la vigencia de las vivencias humanas y de su albedrío sobre la inexorable caducidad del tiempo, un intento amoroso de conservar los infinitos rostros de lo viviente. La poesía puede ayudar a vivir no a través de sutiles y extrañísimos merodeos sino en la humilde acción cotidiana, aportando esas ricas imágenes que mas tardes serán: “objetos concretos dentro del imaginario colectivo” o soluciones a zonas paradojales a las que no tienen acceso otras áreas del conocimiento. Sin el entendimiento de lo paradojal “dentro del mundo” no tiene sentido la vida toda. Es necesario como lo pensó el surrealismo en su momento, reconquistar en el hombre “el derecho a la imaginación”. Podemos crear para distanciarnos de toda apropiación, solo nos quedará la extrañeza de la ruptura. Crear para dejar atrás la obra de la que nos distanciamos, recreándonos en otra, es a la vez, nuestra enfermedad y nuestra salud. Una forma a la que aspira la poesía es transmutación en la alquimia de la palabra. Ya que los sucesos nos rondan en constantes permutaciones, como los astros, como los sueños, la realidad esta hecha de esos materiales cambiantes e indefinibles.
Es necesario restaurar al hombre dentro del marco de su propia naturaleza alienada del mundo por su propia “mismidad” y con su incomprensión de las circunstancias inéditas que vivimos. Así lo agradecerá “el todo del cual somos parte” cuando con nuestra entrega estemos contribuyendo a “estabilizar la vacilante oscuridad de la creación”, que en mucho depende de nosotros “los más evanescentes”. No debemos extinguirnos dentro de nosotros mismos, dentro de la esclavitud del “ego” que tanto nos sofoca. Rozamos el tiempo de la desesperación y el absurdo, circunstancias que llevan consigo la consumación del nihilismo que es la mayor amenaza contra todas las formas de civilización. Pedimos a lo imprevisible que frustre a lo esperado y con Heráclito de Éfeso aquél sabio auroral decimos: “Si no se espera lo inesperado no se lo hallará, dado lo inhallable y difícil de acceder que es”.

Hay que proseguir el ensayo. / No importa que debamos improvisar, que no haya director / y que la pieza que ensayamos no se estrene nunca.
También la flor es un ensayo, / la palabra un ensayo, / el silencio un ensayo, el amor un ensayo/ los dioses fueron un ensayo.
Aunque el anfiteatro esté vacío/ y nos desnuden las ausencias,
como a la flor la desnuda / el hecho elemental de que todo no sea flor,
que el aire no sea flor, / que la luz no sea flor,
que el tiempo, el pensamiento no sean flor.
Aunque la voz del hombre / esté llena de hueco, / hay que proseguir el ensayo.
Es el único modo/ de que al menos los otros ensayos /quizá se estrenen algún día.
Y entonces tal vez ellos nos arrastren.
Con este poema de Roberto Juarroz 1925-1995, poeta argentino de quien muchos poco conocen, quiero ir cerrando este intento de alumbramiento que también señala como la grieta de un muro por la que se entreve, un jardín distante. Un jardín cerrado y abierto.
Para mí, el autoconocimiento ético y moral sigue siendo la experiencia clave, de un artista. Una experiencia de hombres que tienen que hacer solos e irremplazables ese deseo fuerte y perenne de descontento con el sufrimiento por la insuficiencia del propio yo y sus limites.
En el arte, el hombre se apropia de la realidad de su experiencia subjetiva, y por el deslumbramiento artístico surgen imágenes nuevas y únicas. A veces se presentan como una revelación, como un deseo apasionado que refulge repentinamente, un deseo de acogida intuitiva de todas las leyes del mundo, de su belleza y de su fealdad, de su humanidad y su crueldad, de su ser ilimitado y de sus límites. Todo esto, el artista lo reproduce en la creación de una imagen que de forma independiente recoge en auxilio de toda su comunidad. Con ayuda de esta imagen se fija la vivencia y se expresa en medio de muchas dificultades. Se podría decir que el arte es símbolo de este mundo.
El arte no se conforma con la individualidad sino que esta sirve a otra idea más general y elevada. El artista es un vasallo que tiene que pagar los diezmos por el don que le ha sido concedido casi como un milagro, pero el hombre moderno no quiere sacrificarse a pesar de que la verdadera individualidad sólo se alcanza por el sacrificio. Nos estamos olvidando de ello y con ello nos estamos olvidando de nuestra determinación con los demás hombres.
Si hablamos de inclinarse hacia la belleza, de que la meta del arte surgido por ansia de lo ideal es precisamente ese ideal, no quiero decir con esto que el arte debe evitar el polvo de lo terreno… todo lo contrario: la imagen artística es siempre un símbolo que sustituye una cosa por otra, la mayor por la menor .Para poder informar de lo vivo, el artista presenta lo muerto, para poder hablar de lo infinito, el artista presenta lo finito. Un sustitutivo. Lo infinito no es materializable, tan sólo se puede crear una ilusión, una imagen.
Lo terrible está encerrado en lo bello, lo mismo que lo bello en lo terrible. La vida está involucrada en esta contradicción, grandiosa hasta llegar al absurdo, una contradicción que en el arte aparece como unidad armoniosa y dramática a la vez. La imagen posibilita percibir esa unidad, en la que todo halla contiguo al resto, se puede hablar de la idea de una imagen, expresar su esencia con palabras. Es posible verbalizar, formular un pensamiento, pero ninguna descripción nunca le hará justicia. Una imagen se puede crear y sentir, aceptar o rechazar, pero no se puede comprender en un sentido racional. Por último el arte proporciona esa posibilidad y hace que sea perceptible con disposición de servir y sin ningún compromiso externo, sólo por libertad. De este modo cada generación de artistas se siente consagrada a rehacer el mundo. La mía seguramente ya no lo rehará. Pero su tarea es quizá más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida donde se mezclan las revoluciones abatidas, las técnicas descabelladas, los dioses muertos y las ideologías agotadas, donde los mediocres poderes pueden hoy destruirlo todo, pero ya no saben convencer a nadie, donde la inteligencia se ha rebajado hasta convertirse en sirvienta del odio.
La libertad es y será peligrosa pero es el don mas apreciado por un artista honesto, renunciar a esa luz, es perder la propia claridad que aunque sea modestísima, nos separa del agotado mundo de las silenciosas repeticiones. La vida, prueba al modo de las mareas una y otra vez. No se detiene jamás, vulnerables y obstinados somos quienes entendemos esa fragilidad de la forma mas expuesta e intentamos edificar naderías en el movimiento de la historia.



Héctor Berenguer: nació y vive en Rosario Argentina. Ha escrito varios libros de poesía y el presente ensayo pertenece a un libro inédito denominado “El poeta sofista”
Coordina junto a otros poetas latinoamericanos encuentros de poesía dedicados a los jóvenes estudiantes.
 
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